| |
|
En
el centro del redondel de una gran plaza de toros, Justino (Saturnino
García), el puntillero titular, recibe una gran ovación.
Es la tarde de su retirada; con sesenta y dos años se ha
visto obligado a acogerse a la jubilación anticipada. Pero
el momento de gloria es efímero.
El puntillero debe enfrentarse al nuevo orden doméstico.
Tras un breve y desagradable contacto con su hijo y su nuera, con
quienes convive, Justino se reúne en un barucho de ambiente
taurino con su amigo Sansoncito (Carlos Lucas) -un almohadillero,
compañero desde siempre- para el que también está
próxima la jubilación.
En la semana que queda de feria, Justino bebe más y más
y da con sus huesos en el hospital. Devuelto al hogar filial, intenta
readaptarse al enrarecido ambiente familiar. Sin embargo, una noche,
termina con la vida de su hijo y su nuera. Se da cuenta de que no
ha sido nada difícil. Sabía exactamente donde tenía
que clavar la puntilla y su mano se ha ido allí guiada por
una experiencia de muchos años.
A partir de este momento, los crímenes se suceden. Sansoncito
acaba de acceder también a la jubilación. Con este
motivo, Justino celebra una fiesta. Cuando una vecina sube a protestar
por el ruido, se la carga sigilosamente. Tras algunos contratiempos,
consigue deshacerse del cadáver. Una patrulla de policía
le ve manchado de sangre. Creyendo que se trata de un accidentado,
lo conducen al hospital. Consciente de que ha entrado en una peligrosa
espiral, Justino confiesa sus crímenes. Los policías
se ríen de su confesión y Justino acaba también
con ellos.
Agotado, vuelve a casa. Recoge sus cosas y busca plaza en una residencia.
Ha decidido ocupar el lugar que la sociedad le tiene reservado como
jubilado: el de vegetal.
Pero ni aún allí, Justino puede descansar.
|