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	<title>La Cuadrilla</title>
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	<description>Justino, un asesino de la tercera edad &#124; Matias, juez de linea &#124; Atilano Presidente</description>
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		<title>llamadme paul</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Oct 2011 06:06:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[la cuadrilla]]></category>
		<category><![CDATA[recuerdos]]></category>
		<category><![CDATA[Paul Naschy]]></category>

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		<description><![CDATA[La Cuadrilla se formó por destilación. En la primavera de 1986 éramos una agrupación polimorfa y mutante compuesta por un número indeterminado de ex-estudiantes de la Facultad de Ciencias de Información de Madrid y del Instituto Oficial de Radio y Televisión. Nuestro currículum sumaba entonces una veintena larga de cortos en súper-8 y dos en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La Cuadrilla se formó por destilación. En la primavera de 1986 éramos una agrupación polimorfa y mutante compuesta por un número indeterminado de ex-estudiantes de la Facultad de Ciencias de Información de Madrid y del Instituto Oficial de Radio y Televisión. Nuestro currículum sumaba entonces una veintena larga de cortos en súper-8 y dos en 35 mm, amén de otras actividades paralelas. Por entonces Flavio Labiano, inquieto amigo y director de fotografía donostiarra, nos propone embarcarnos en una producción financiada con su nueva marca: Sapaburu P.A. Como está radicada en San Sebastián puede intentar acceder a las subvenciones que en ese momento concede el Gobierno Vasco a fin de crear una mínima infraestructura productiva. ¿Qué tal la historia de un saltador de trampolín que se transforma en hombre-pez cual nuevo monstruo de la Laguna Negra? Si la consejería del PNV traga&#8230;</p>
<p>El germen del cuento está en la poderosa imagen del saltador soviético Sergei Shalibashvili fallecido durante los juegos de Edmonton en 1983 al golpearse la cabeza contra la plataforma. Para protagonizarlo recurrimos a Antonio Junco, con un físico envidiable y experiencia como actor. También contamos, para el papel del entrenador, con Popotxo Ayestarán, al que admiramos por sus pantomimas en la Orquesta Mondragón. Como el argumento mezcla comedia gamberra con el género fantástico (subgénero monstruo enamorado), escribimos el papel de un científico que diga obviedades a troche y moche. Decidimos apostar fuerte y ofrecer este rol de doctor en una película de hombres-peces al hombre-lobo nacional, Paul Naschy. Conste que por entonces sólo habíamos visto dos o tres películas protagonizadas por él y leído los reportajes que le dedicaban en &#8220;Terror Fantastic&#8221;. Conste también que la alternativa era José María Caffarel. Y conste, por último, que estos cortos se hacían porque nadie cobraba un duro y nuestra estrella no iba a ser una excepción. </p>
<p>Localizamos su dirección y su teléfono en algún lado -probablemente en el Cineguía-, y le hacemos llegar un guión. Aplazamos el momento de telefonarle hasta el último segundo. Mejor el martes, que el lunes es mal día. Cualquier hora parece mala. Las diez&#8230; un poco pronto. Las doce&#8230; estará liado. La una&#8230; igual come temprano. Por fin, a las cinco de la tarde, como en los toros, marcamos.<br />
–¿Dígame?<br />
–Por favor&#8230; ¿Jacinto?<br />
–Llamadme Paul.</p>
<p>Nosotros le llamamos Paul pero en el hotel de San Sebastián donde debe alojarse no parecen muy dispuestos a admitir a alguien que se niega a presentar ninguna acreditación identificativa y que dice apellidarse Naschy.<br />
–No tengo carné -ni el tono ni la mirada admiten réplica.<br />
–Es actor. En realidad se llama Jacinto Molina –intentamos terciar.<br />
–Llamadme Paul, por favor.</p>
<p>Llegar hasta allí le ha supuesto un esfuerzo ímprobo. Ha aceptado el papel a pesar de que no le pagamos. Ha viajado en Talgo desde Madrid bajo los efectos de la medicación con la que palía las secuelas que los batacazos financieros de <em>La bestia y la espada mágica / Ohkami-otoko to samurai</em> (1983) y <em>Operación Mantis</em> (1984) han dejado en su ánimo. <em>El último kamikaze</em> (1984) y <em>Mi amigo el vagabundo</em> (1984), hechas en rápida sucesión y en régimen cuasifamiliar, han intentado mantener girando la rueda de Acónito Films, pero la muerte de su socio japonés, Masurao Takeda, es la puntilla definitiva a su periodo de oro. Con el paso del tiempo Paul iría desgranando algunos de estos episodios y cómo afectaron a su vida personal y familiar. Prefería obviar otras causas más evidentes, como la promulgación de la ley Miró o los cambios en los hábitos audiovisuales de los españoles en pleno boom videoclubero. Pero ahora estamos en la recepción del hotel en el Paseo Nuevo, ante una caserita a la que todos estos intríngulis le importan bien poco. Ella tiene un cliente sin identificación. Cuando conseguimos resolver el asunto y proponemos a nuestra estrella que descanse un rato en su habitación hasta la hora de cenar nos suplica o nos ordena:<br />
–No me dejéis solo.<br />
–Claro que no, Paul.</p>
<p>El rodaje de &#8220;Bajo las aguas&#8221; está concebido para que él sólo tenga que pasar en San Sebastián una noche. Llegada a media tarde. Cena al aire libre, en Urgull. A la mañana siguiente, cita temprana en el polideportivo de Anoeta para rodar su escena en el vestuario y un par de planos exentos en la piscina que luego insertaremos en el clímax. Aquí tiene un diálogo mínimo: &#8220;Quiera Dios que se arrepienta a tiempo&#8221;. Nos pide que lo cambiemos por un &#8220;Ojalá se arrepìenta a tiempo&#8221;. Vale.</p>
<p><a href="http://www.lacuadrilla.com/?attachment_id=903"><img src="http://www.lacuadrilla.com/wp-content/uploads/popotxo-y-paul-en-pez-400x244.jpg" alt="popotxo y paul en pez" title="popotxo-y-paul-en-pez" width="400" height="244" class="aligncenter size-medium wp-image-903" /></a></p>
<p>Por la tarde, la escena final en la que el doctor Larruskain / Naschy da &#8220;la explicación científica&#8221; al extraordinario caso del saltador convertido en pez y de cómo el amor es la unica curación para todos los males, éste incluido. Luego, regreso a Madrid en coche-cama.</p>
<p>A la hora de comer trasladamos iluminación y maquinaria de rodaje desde Anoeta a una villa de Fuenterrabía. Todo el material viaja en una furgoneta que luego sigue ruta hacia Francia. Cuando nos queremos dar cuenta la caja con las lámparas se ha quedado en la bandeja del salpicadero. El set para Paul ya está montado en un interior, donde el rodaje sin iluminación resulta impracticable. Le explicamos la situación.<br />
–En todos los rodajes tiene que haber un imbécil –sentencia.</p>
<p>Y todos juraríamos que a lo lejos resonó un trueno.</p>
<p>Intentamos rodar esta escena en el jardín de la villa, pero el viento hace diabluras con los escasos cabellos que cubren su noble cabeza. La situación le enerva.<br />
–Si estuviese aquí Florido&#8230; Florido nos hace los apliques a Charlton Heston y a mí. Yo, con aplique, &#8220;doy galán&#8221;.<br />
Nuevo trueno. Tomamos la decisión heroica de pedirle que se quede una noche más. Nuevos gastos de hotel en una producción bajo mínimos. Y una cena inolvidable trufada de perlas de experiencia&#8230;<br />
–Yo lo doy todo con la mirada. Mejor me dobláis, porque con la medicación me cuesta un poco aprenderme los diálogos. Igual da&#8230; La interpretación está en la mirada.<br />
–Christopher Lee es un señor. Yo le he visto comerse un bocadillo de chorizo sentado en un cajón de cámara sin rechistar. Luego podrá portarse como un cabrón, pero siempre, siempre, será un señor.<br />
–Mi productora se llama Acónito Films. ¿Sabéis lo que es el acónito? La planta del hombre-lobo. Sólo se encuentra en el Himalaya.<br />
–Hay que respetar al monstruo. El cine fantástico sólo tiene una norma: respetar al monstruo.</p>
<p>¡Ay, si se entera de que unos fabricantes de marionetas nos pedían el presupuesto total del corto por duplicar el monstruo de la Laguna Negra y que hemos optado por un modista local que nos ha propuesto un modelo hecho a base de gasas que sugieran algas! Nos oponemos, claro. El diseñador tiene otra idea que seguro que nos satisface, pero hasta el día del rodaje nadie ha conseguido verlo. Se trata de un mono de una pieza que cubre la cabeza del doble del hombre-pez y le impide respirar. Los ojos, de unas gafas de broma. Lo ha pintado a última hora sobre el cuerpo de la víctima, lo cual provoca al doble una dermatitis que a la larga le valdrá para librarse del servicio militar. Además, al sumergirlo en la piscina por priemra vez, ha encogido y la cremallera ha reventado, por lo que sólo podemos sacarlo de frente. Nosotros nos lo tomamos con humor. Pagamos el pato de la inexperiencia, pero es fundamental que, en el rodaje de la mañana siguiente, nuestro &#8220;muñeco&#8221; y Paul no coicidan. Lo recogemos en el hotel:<br />
–¿Qué tal has dormido, Paul?<br />
–No he pegado ojo.</p>
<p>Lo toreamos hasta donde podemos pero el encuentro es inevitable. La infinita tristeza que refleja su rostro cuando se cruza con el bicho por el pasillo es nuestro castigo.</p>
<p>Por fin filmamos su escena. Le dictamos el texto palabra por palabra desde el pie de la cámara. A su vera, Popotxo, con una pecerita en las manos, está irresistible. Dos tomas&#8230; por si acaso. En las dos la mirada de Paul está en su sitio. Quiere marcharse inmediatamente. Aún quedan un par de horas para que salga el tren, pero Popoptxo no aparece y esto le pone nervioso. El fotofija -grande como un castillo y con un optimismo a prueba de bombas- es el encargado de depositarlos en la estación.<br />
–Bueno, pues bájame a mí y ya me tomo un menú en la cantina de la estación.<br />
–¡No seas triste, Pablo! Ahora recogemos a Popotxín y os llevo a comer un arroz con txangurro como no lo habéis comido en vuestra vida.</p>
<p>Le doblamos. En los créditos figura su participación como una &#8220;colaboración estelar&#8221; en &#8220;el papel del Doktor Larruskain&#8221;. Le invitamos a una proyección y es posible que viniera. Si no, nos llamó él. Quería que le escribiéramos un guión. El ritual consiste en acudir a su casa del barrio de Argüelles después de comer y ver sus películas en VHS comentadas en directo por él mismo.<br />
–¿Cómo hicisteis ese efecto de las ratas ardiendo, Paul? –preguntamos ingenuamente mientras vemos El jorobado de la morgue (1973).<br />
–Las rociamos con gasolina y las prendimos lumbre. No veas cómo chillaban, las cabronas.<br />
–Esa katana la tengo en el recibidor. Me la regaló el coproductor de La bestia y la espada mágica antes de morir de un derrame cerebral&#8230; por las preocupaciones.<br />
–Este guión lo escribí en dieciocho horas. Del tirón, a base de pastillas.<br />
–Ayer me han llamado de Estados Unidos. Produce Spielberg. Les he dicho que no por el idioma.<br />
–Tengo hecha toda la galería de monstruos de la Universal. Y mi Valdemar Daninsky y mi Alaric de Marnac son ya míticos. De los clásicos sólo me falta el Fu-Manchú.</p>
<p><a href="http://www.lacuadrilla.com/?attachment_id=457"><img src="http://www.lacuadrilla.com/wp-content/uploads/35_3pez_cartel-300x240.jpg" alt="" title="35_3pez_cartel" width="300" height="240" class="aligncenter size-medium wp-image-457" /></a></p>
<p>Como Flavio es un productor a lo grande, ha decidido hacer un cartelito de &#8220;Bajo las aguas&#8221;, cuyo título definitivo es <em>Pez</em>. Un DIN-A3 en blanco y negro del que realiza unas cuantas copias. Veinticinco, cincuenta&#8230; Le llevamos una de ellas a Paul, como recuerdo. La mira por encima, dice que no está mal y la deja en la consola del recibidor. Una semana después, según entramos por la puerta&#8230;<br />
–Esto os lo podéis meter por el culo. ¡A quién se le ocurre! Poner mi nombre detrás del mameluco este de Junco y del payaso del Pochocho&#8230;<br />
–No había mala intención, Paul. Los nombres van en el mismo orden que en los créditos.<br />
–Si me da pena por vosotros. Esto lo ve Spielberg, que es admirador mío, y dónde quedáis, ¿eh? ¡Y cómo quedo yo! Lleváoslo, por favor.</p>
<p>No sabemos si dar media vuelta&#8230; Pero no. Nos hace pasar y vuelta al tresillo y a los VHS&#8230;<br />
–¡Fijaos ahora! Cuando el hombre lobo pisa el charco en el que se refleja la luna. En el Festival de Cine Fantástico de París tuvieron que parar la proyección, con el público puesto en pie, aplaudiendo.<br />
–Ésta película fue mi ruina. Costó una millonada. Nunca hay que tomarse el género a coña. El público no te lo perdona.<br />
–Guridi, hijoputa, deja esa revista y atiende, que estoy hablando.</p>
<p>Hablábamos de su regreso. De un guión en el que rescatáramos, al modo de Corman, algunas escenas míticas de su carrera y que se pudiera rodar con presupuesto cortometrajístico. Bien empapados de su filmografía -vimos, incluso, <em>Los cántabros</em> (1980)- nos fuimos a casa a escribir. El resultado: treinta folios de tratamiento en los que Paul es el siniestro factótum del madrileño Cine Ideal, junto a la plaza de Jacinto Benavente. Puerta con puerta, hay un convento de monjitas donde acuden los indigentes a que les den la sopa boba. Las prostitutas de la cercana calle de la Cruz caen víctimas de un misterioso asesino que reproduce las muertes presenciadas en la pantalla del cine. Las infelices terminan sirviendo de alimento a los indigentes. Las monjitas están convencidas de que se trata de un milagro. Por supuesto, al final se descubre que el asesino no era Paul.</p>
<p>Se lo enviamos y esperamos su veredicto. Nueva reunión. Perplejidad. La primera sorpresa es que hayamos elegido una localización tan próxima para una película de terror&#8230; Aunque nunca se sabe, el hecho de que no transcurra en Transilvania puede conferirle cierta originalidad, asevera. Por lo que no pasa es porque el acomodador sea un tipo siniestro que vive de viejas glorias.<br />
–Ya os lo dije. Yo con el aplique doy galán. Ahora estoy volviendo con la halterofilia. Tendríamos que poner algunas escenas en los que la taquillera se enamora de este tipo. Escribidme el guión para la semana que viene. Venga, quince días&#8230; Yo llamo a Gualberto Baña. Él nos garantiza la distribución, que me debe muchos favores. Y vosotros pedís una subvención de esas del Ministerio, ¿vale? A ver si podemos rodar antes del verano.</p>
<p>Nos costó más de una semana juntar el valor para llamarle y decirle que no sabíamos hacer lo que él quería.</p>
<p><a href="http://www.lacuadrilla.com/?attachment_id=901"><img src="http://www.lacuadrilla.com/wp-content/uploads/paul-en-shh-400x300.jpg" alt="paul en shh..." title="paul-en-shh" width="400" height="300" class="aligncenter size-medium wp-image-901" /></a></p>
<p>No hubo resquemores. Accedió a realizar una aparición estelar en <em>Shh&#8230;</em> (1986), un corto protagonizado por una secta de encapuchados que, al quitarse la caperuza, resultaban ser actores conocidos. Lo rodamos en una nave industrial que habíamos acondicionado como estudio, aunque tuviera graves inconvenientes para la toma de sonido directo. Paul solía pasarse por allí para mostrárselo a algunos interesados en sacar adelante su proyecto soñado, que terminó siendo <em>El aullido del diablo</em> (1987). Allí cumplió con su vieja aspiración de interpretar a Fu-Manchú. No obstante, nosotros habíamos escrito para él una personal versión del personaje de Sax Rohmer en<em> La hija de Fu-Manchú &#8217;72</em> (1989). Algo entre los productos tardíos sobre el malvadísimo siete veces doctor filmados y firmados por Jess Franco y el <em>Dame un poco de amoooor</em> (1968), de José María Forqué. Paul tenía muy claro que su caracterización debía ser la de Henry Brandon en el seríal de la Republic. Ni Boris Karloff ni Christopher Lee le convencían. Ya hemos contado en otro lugar cómo, mientras nosotros rodábamos este refrito de literatura pulp y sicodelia pop, caía el muro de Berlín.</p>
<p>Al legendario &#8220;¡El mundo volverá a oír hablar de mí!&#8221; añadimos, como quien no quiere la cosa, un no menos contundente: &#8220;¡En todas partes tiene que haber un imbécil!&#8221;. Esta vez el retumbar del trueno estaba garantizado por la banda de efectos. La frase llevaba camino de convertirse en un &#8220;leit motif&#8221; porque dejamos la caracterización en manos de unos principiantes -nosotros también lo éramos- y Paul nos llamó a capítulo para que viéramos cómo la pintura amarilla chorreaba sobre una calota que no terminaba de ajustar.<br />
–No es esto. No es esto.<br />
–Con el gorro no se le ve –argüían los maquilladores.<br />
–Ya, pero Paul tiene razón. Rodamos esto para que él pueda hacer de Fu-Manchú. Vamos a llamar a Florido.<br />
–No. A Florido, no, que no me hablo con él desde <em>El aullido del diablo</em>. La he rodado con Caroline Munro. Un poco diva pero bellísima. Dos veces chica Bond. Ha trabajado con Vincent Price, con Christopher Lee&#8230; y conmigo. ¿Quién es esa chica que hace de mi hija?<br />
–No preguntes, Paul. ¿Qué hacemos entonces con tu caracterización?<br />
–Hablad con Novoa.</p>
<p><a href="http://www.lacuadrilla.com/?attachment_id=899"><img src="http://www.lacuadrilla.com/wp-content/uploads/paul-en-la-hija-de-fu-manchu-72-400x300.jpg" alt="paul en la hija de fu-manchú &#039;72" title="paul-en-la-hija-de-fu-manchu-72" width="400" height="300" class="aligncenter size-medium wp-image-899" /></a></p>
<p>Dos días más tarde Manuel Novoa le ha convertido en un clon de Henry Brandon. Cortamos para comer. Paul se viene a la casa de comidas caracterizado.<br />
–La cabeza me va a explotar. Esta calota me está matando.<br />
–¿No quieres que te la quiten para comer?<br />
–Cuando me maquillaban de hombre-lobo pasaba nueve horas apoyado en una tabla, sin parpadear siquiera. Bebía con una pajita.<br />
–Lo sabemos, Paul.</p>
<p>Escribimos, trabajamos, hicimos otras cosas. Cinco años después nos pusimos de nuevo en contacto con él. Estábamos preparando <em>Justino, un asesino de la tercera edad</em> (1994), nuestro primer largometraje. Le ofrecimos un papelito en el que volvía a interpretar al doctor Larruskain de <em>Pez</em>. Nos llama indignado. Él quiere ser Justino. Le contamos que ya hemos pensado en ello pero que nos parece un error de casting garrafal ponerle como ancianito que, inesperadamente, empieza a cargarse gente. No habrá espectador que no lo esté esperando desde el primer minuto.<br />
–Pues por lo menos el papel del amigo.<br />
–No sabemos aún quién lo va a hacer pero a ti no te va nada, Paul.<br />
–Bueno, pues le escribís unas cuantas escenas al doctor este. Dadme diez páginas de texto. Una es un insulto.<br />
Fernando Vivanco hizo el papel.</p>
<p>En sus memorias escribe Paul: &#8220;aquello no era un cameo, era un camelo&#8221;.</p>
<p>Era el presidente del Círculo de Escritores Cinematográficos cuando nos dieron el premio al mejor guión original de aquel año. Fuimos a la ceremonia. Le saludamos. Nos felicitó.<br />
–Sois unos hijoputas, pero os lo merecéis. Felicidades.<br />
–Gracias, Paul. Ya habrá ocasión de hacer algo juntos.</p>
<p>La década en la que confluyeron su sabiduría del oficio -¡aquella mirada!- y nuestras ilusiones de descerebrados se nos había deshecho entre los dedos. Nuevos fans del género, más canónicos en sus gustos y más duchos en el arte de narrar en imágenes, han pasado tras la cámara demostrado que el afán de Paul por conectar con el público no era una quimera. Él ha seguido peleando hasta el final. Nosotros entramos en fase de hibernación después de rodar tres películas. No se presentó la oportunidad de volver a colaborar. Culpa nuestra: nunca hemos sido capaces de tomarnos del todo en serio al monstruo.</p>
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		<title>paco maestre</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Oct 2011 05:59:55 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Paco Maestre]]></category>

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		<description><![CDATA[Maestre. Francisco, Kiko, Paco. Carne de esperpento. Excesivo y barroco siempre. Nacido para interpretar a Nieva. Premio Max por “Pelo de tormenta”. Lo contaba con el indisimulado orgullo de los humildes. Voz tonante, físico imponente. Vamos, que imponía. Zarzuelero. Profesional generoso de ocurrencias. Independiente, irreductible. Trabajador consciente y comprometido. Y batallador a la hora de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.lacuadrilla.com/?attachment_id=898"><img src="http://www.lacuadrilla.com/wp-content/uploads/paco-en-un-gobernador-huracanado-400x243.jpg" alt="paco en un gobernador huracanado" title="paco-en-un-gobernador-huracanado" width="400" height="243" class="aligncenter size-medium wp-image-898" /></a></p>
<p>Maestre. Francisco, Kiko, Paco. Carne de esperpento. Excesivo y barroco siempre.</p>
<p>Nacido para interpretar a Nieva. Premio Max por “Pelo de tormenta”. Lo contaba con el indisimulado orgullo de los humildes.</p>
<p>Voz tonante, físico imponente. Vamos, que imponía. Zarzuelero. Profesional generoso de ocurrencias. Independiente, irreductible. Trabajador consciente y comprometido. Y batallador a la hora de las reivindicaciones, faltaría más.</p>
<p>En cine, un paso por detrás del protagonista, sabiendo cómo no ahogarlo con su humanidad. Ilusionadísimo cuando le ofrecieron ser chico Almodóvar.</p>
<p>Espectador de lágrima fácil. Cocinillas. ¿No había ascensor o es que siempre estaba estropeado en aquél caserón de la calle Alcántara en cuyo piso más alto vivía? “¡Así, cómo no voy a adelgazar!”, decía.</p>
<p>Casi treinta años de amistad. ¿Quién interpretará ahora al barítono venido a menos que se busca la ruina cuando le ofrecen trabajo en un teatro sito frente al convento en el que diariamente hace cola para comer doble ración de sopa boba?</p>
<p>Podría suscribir aquel epitafio que, entre bromas y veras, ideó para sí mismo Edgar Neville: “Al fin me quedaré en los huesos”.</p>
<p><a href="http://www.lacuadrilla.com/?attachment_id=897"><img src="http://www.lacuadrilla.com/wp-content/uploads/paco-en-atilano-presidente-400x244.jpg" alt="paco en atilano, presidente" title="paco-en-atilano-presidente" width="400" height="244" class="aligncenter size-medium wp-image-897" /></a></p>
<p>&#8220;Paco Maestre&#8221; (<em>Fotogramas</em>, 2011)</p>
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		<title>carlos lucas sabe adónde va</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Oct 2011 05:53:48 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Hace un par de años Carlos Lucas empezó a escribir sus memorias. “Mi vida y el arte” las tituló. Cuenta en los primeros párrafos los antecedentes artísticos de su estirpe que se remontan a una bisabuela argentina establecida en España y a la hija de ésta, que formó una compañía familiar de zarzuela. En vena [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.lacuadrilla.com/?attachment_id=883"><img src="http://www.lacuadrilla.com/wp-content/uploads/carlos-en-atilano-presidente-400x243.jpg" alt="carlos en atilano, presidente" title="carlos-en-atilano-presidente" width="400" height="243" class="aligncenter size-medium wp-image-883" /></a></p>
<p>Hace un par de años Carlos Lucas empezó a escribir sus memorias. “Mi vida y el arte” las tituló. Cuenta en los primeros párrafos los antecedentes artísticos de su estirpe que se remontan a una bisabuela argentina establecida en España y a la hija de ésta, que formó una compañía familiar de zarzuela. En vena nostálgica mencionaba Carlos El viaje a ninguna parte como encarnación de lo que ha sido no sólo su infancia sino la historia toda de su familia.</p>
<p>Un año después asistimos en Zaragoza al reencuentro con sus antiguos camaradas de una compañía de teatro portátil. Estamos precisamente en la capital aragonesa, comiendo con uno de ellos, cuando Carlos, llevado por el hilo de la conversación, rezonga:</p>
<p>-Se sabía adónde se iba. No como la tontería esta que ha dicho Fernán-Gómez de “a ninguna parte”. Yo he visto la película y no le veo ninguna relación. Lo nuestro era todavía mucho más difícil que aquello, pero siempre se iba a alguna parte.</p>
<p>Y, sin embargo, las escapadas más o menos airosas de varias compañías ambulantes, las amistades perdidas con actores o directores a los que “ha perdido de vista” o los cambios súbitos de domicilio, conforman un currículum de evasiones que ni el gran Houdini.</p>
<p>Aún así, afirmaba que, como la heroína de Powell y Pressburger, él siempre sabía adónde iba.</p>
<p>Carlos era un funambulista de la memoria. Había que armarse de una buena pértiga para atreverse a cruzar sobre sus hombros el cable tendido de lado a lado del abismo. Quienes nos aventuramos con él recibimos la recompensa de un espectáculo inesperado: el amor a su oficio, la devoción familiar y una inocencia nunca del todo perdida en un mundo que la olvidó hace demasiado.</p>
<p>Probablemente la noche más emocionante de su vida profesional fuera aquella de 1995 en el Festival de Peñíscola en que recibió el premio a la mejor interpretación por el personaje de Sansoncito en Justino, un asesino de la tercera edad. No como actor de reparto, sino como mejor actor a secas. Los que hemos tenido el privilegio de vivir esos momentos con él intuimos que pesaban más en la balanza que el resquemor por las oportunidades perdidas.</p>
<p>Carlos Lucas sabía adónde iba.</p>
<p>De otro modo habría desertado, como tantos de sus compañeros, de un oficio en el que siempre ha estado en el pelotón. Si acaso, un triunfo de etapa le permitió subir al podium y ser el centro de atención durante unos minutos. Después, vuelta al anonimato.</p>
<p>Rodaba entre los modestos, empujando al líder. Parece que las grandes batallas se libran solo delante, pero aquí también hay codazos y cruces malintencionados. En los bordes de la carretera los rostros quedan atrás como manchas borrosas. Entre los que pedaleaban a su lado unos abandonaron por cansancio, otros sufrieron una caída, aquellos fueron descalificados por no jugar limpio. Pero él seguía dándole al pedal después de setenta y dos años, esperando ver la pancarta de meta.</p>
<p>Carlos Lucas podía haber sido ciclista. O cosmonauta. O banderillero&#8230; Pero era actor de reparto.</p>
<p>17 de diciembre de 2004</p>
<p>&#8220;Carlos Lucas sabe a dónde va&#8221; (<em>Boletín de la Academia</em>, 2005)</p>
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		<title>fausto (moreno) talón, actor característico</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Oct 2011 05:52:37 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[A uno le hace ilusión pensar que es único. Pero un día, por la calle, en su mismo barrio se encuentra con su viva imagen y se da cuenta de que la ilusión era sólo eso: una ilusión. Sólo hemos conocido a un induplicable: Fausto. Como actor estas eran sus virtudes: una voz personalísima, un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.lacuadrilla.com/?attachment_id=886"><img src="http://www.lacuadrilla.com/wp-content/uploads/fausto-en-cupido-se-enamora-400x244.jpg" alt="fausto en cupido se enamora" title="fausto-en-cupido-se-enamora" width="400" height="244" class="aligncenter size-medium wp-image-886" /></a></p>
<p>A uno le hace ilusión pensar que es único. Pero un día, por la calle, en su mismo barrio se encuentra con su viva imagen y se da cuenta de que la ilusión era sólo eso: una ilusión. Sólo hemos conocido a un induplicable: Fausto.</p>
<p>Como actor estas eran sus virtudes: una voz personalísima, un físico irrepetible, un ritmo propio que le iguala a los grandes. Al contrario que “Peliche” Ozores, Julia Caba Alba o Antonio Riquelme, Fausto podía estar mejor o peor. Dependía de la hora de citación, de la comodidad de los zapatos elegidos para su personaje, de la calidad de la comida o de los compañeros de reparto. No importaba. Lo que aparecía en la pantalla era siempre insólito.</p>
<p>Hemos trabajado con él en todas nuestras películas. Antes, Berlanga –cómo no- lo llevó a <em>Patrimonio Nacional</em>. Hizo otros papeles –no demasiados, la pereza manda-.</p>
<p>Sus amigos le dijimos hasta pronto el 19 de mayo de 2003.</p>
<p><a href="http://www.lacuadrilla.com/?attachment_id=887"><img src="http://www.lacuadrilla.com/wp-content/uploads/fausto-en-la-hija-de-fumanchu-72-400x298.jpg" alt="fausto en la hija de fu-manchú &#039;72" title="fausto-en-la-hija-de-fumanchu-72" width="400" height="298" class="aligncenter size-medium wp-image-887" /></a></p>
<p>&#8220;Fausto (Moreno) Talón, actor característico&#8221; (<em>Boletín de la Academia</em>, 2003)</p>
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		<title>la voz de prendes</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Oct 2011 05:51:12 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Cuando preparábamos Atilano elaboramos una relación de candidatos para interpretar al decano de los banqueros españoles. Todos los actores cumplían una condición: habían nacido en la década de los 10. Daba igual que siguieran o no en activo. Fue Elena Arnao quién nos sugirió que agregáramos el nombre de Luis Prendes a la lista. A [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.lacuadrilla.com/?attachment_id=905"><img src="http://www.lacuadrilla.com/wp-content/uploads/prendes-en-atilano-presidente-400x243.jpg" alt="prendes en atilano, presidente" title="prendes-en-atilano-presidente" width="400" height="243" class="aligncenter size-medium wp-image-905" /></a></p>
<p>Cuando preparábamos <em>Atilano </em>elaboramos una relación de candidatos para interpretar al decano de los banqueros españoles. Todos los actores cumplían una condición: habían nacido en la década de los 10. Daba igual que siguieran o no en activo. Fue Elena Arnao quién nos sugirió que agregáramos el nombre de Luis Prendes a la lista.</p>
<p>A Prendes le habíamos visto por última vez en <em>Loco veneno</em>, pero de eso hacia diez años. Nuestro recuerdo más fiel de él como actor era el del secundario de lujo que lo mismo podía ser hermano crápula de <em>Balarrasa </em>que barbero delator en <em>Carne de horca</em>. No le conocíamos como galán y tenemos la manía de no ir al teatro, así que su faceta de protagonista quedaba relegada en nuestra memoria a los &#8220;Estudios 1&#8243;. Vamos, que en nuestro esquema de reparto era un más que firme aspirante al papel.</p>
<p>Cuando fuimos a enseñarle el guión se nos cayó el mundo encima. Su aspecto no estaba en modo alguno acorde con su edad. Pretendíamos que interpretara a un ancianito y nos encontramos con un chaval. Llevaba una barba cuidada, se movía con agilidad inusitada y seguía siendo un presumido para el vestuario. Las gafas y el bastón que utiliza en la película son, al tiempo, trucos de actor curtido y coquetería de quien sabe que, mediados los ochenta, no los necesita.</p>
<p>Nos convenció otra cosa: su voz. Una voz pausada, de quién empezó como Tenorio y ha llegado por derecho propio a ser espectro de don Gonzalo de Ulloa; una voz encallecida por setenta años de tabaquismo militante.<br />
Bueno, eso… y las ganas que tenía de trabajar.</p>
<p>El último día en que rodamos con él fue en la iglesia de San Sebastián, en Carabanchel Alto. Estaba aquejado de un catarro y su voz resonaba en las bóvedas como un trueno carrasposo. Juraba que no le había ocurrido en sesenta años de profesión y nos pidió que le llamáramos para doblarse. Cuando lo hicimos, se disculpó: &#8220;Estoy un poco pocho&#8221;.</p>
<p>&#8220;La voz de Prendes&#8221; (<em>Fotogramas</em>, 1998)</p>
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		<title>y usted, ¿de qué se ríe?</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Oct 2011 05:49:15 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Fragmentos del cuaderno de campo de La Cuadrilla, para la investigación acerca del origen y circunstancias de &#8220;La Risa Española&#8221;. Oído en un bar: &#8230; Estoy en la calle. Un hombrecillo quebroso me cuenta un chiste, bastante malo por cierto. Se trata de un viejo chiste sobre un ciego y un cojo que se encuentran. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Fragmentos del cuaderno de campo de La Cuadrilla, para la investigación acerca del origen y circunstancias de &#8220;La Risa Española&#8221;.</em></p>
<p>Oído en un bar:</p>
<p>&#8230; Estoy en la calle. Un hombrecillo quebroso me cuenta un chiste, bastante malo por cierto. Se trata de un viejo chiste sobre un ciego y un cojo que se encuentran.<br />
CIEGO (Al cojo): ¿Qué tal andas?<br />
COJO (Al ciego): Pues ya ves&#8230;</p>
<p>-No esta mal. Tiene mala leche-, le digo para que me deje en paz. El hombrecillo se ríe sonoramente de su propio chiste y, montándose en un engendro de tres ruedas, coloca sus muletas en la caja trasera. Golpea mecánicamente la palanca de arranque con una de sus piernas. Pero, con las risas, no se ha dado cuenta de que está recogida hacia dentro. Su bota ortopédica, la de la pierna de madera, resbala sobre el chasis y toda su extremidad inferior se desprende. El hombre quiere cogerla al vuelo y va tras ella. En el suelo, sin pierna y sin muletas, hace vanos esfuerzos por enderezar su situación. Ya no se ríe. Yo sí.</p>
<p>He aquí la frágil frontera de lo que es gracioso y lo que no lo es. No nos reímos de lo que alguien hace para que nos riamos pero, si podemos, nos reímos de él. Y esta risa sale de lo más profundo de los intestinos. Es, por lo tanto, más larga y tiene peor sabor. No hablamos de la sonrisa sajona, la de los dobles sentidos y equívocos, que tan buen sabor de boca dejan en sus historias de enredo. Hablamos de reírse abiertamente. De carcajearse miserablemente del payaso que se esfuerza en la plaza del pueblo, acompañándole un tomatazo si nadie nos ve.</p>
<p>A todo ésto, un hombre amable -ex-cura para más datos- ha llegado hasta el lugar y, mientras hacía mis reflexiones, ha logrado aupar al hombrecillo en su moto. Coloca la pierna de torno en la caja, junto a las muletas. El pequeño ciclomotor no quiere arrancar y el buen samaritano empuja unos cuantos metros. Viene hasta mí. Dice que deben ser los platinos y aprovecha la situación para contarme un chiste que le viene a la memoria:<br />
Un hombre en un bar. Bebe a espuertas. El camarero, preocupado por su cliente, le dice que no debería beber más. El borracho, lejos de aceptar el consejo, se pide otras dos y se las echa al coleto.</p>
<p>Omito la cantidad de veces que vuelve a suceder lo mismo. Es lo malo de estos cuenta-chistes callejeros: no tienen sentido de la medida. Iré directamente al final, veinte copas más tarde:</p>
<p>El hombre rueda por las escaleras del bar y sale del establecimiento a rastras. Ignoramos como llega al portal de su casa, pero debemos imaginar que de la misma forma. Las escaleras suponen para él un auténtico suplicio: cinco pisos y sin ascensor. Cuando entra en su hogar, intenta no hacer ruido. Su mujer no debe enterarse de la hora ni, sobre todo, del estado en el que llega. Se quita la chaqueta y el pantalón y, como buenamente puede, se mete en la cama sin que se entere la parienta.</p>
<p>A la mañana siguiente su mujer le despierta con una colleja.<br />
MUJER: Anda que a buenas horas llegaste ayer. ¡Y menuda trompa!<br />
El marido lo niega todo.<br />
MUJER: Pero cómo. Todavía te atreves a negarlo. Pero si han llamado del bar para decir que te habías dejado allí la silla de ruedas.</p>
<p>Tampoco me río. Y no porque el chiste no tenga enjundia -que la tiene-, es que me cae mal este tipo. Ha repetido veinte veces cada frase y no dejaba de reírse entre ellas. No soporto a la gente que se ríe de sus propios chistes.</p>
<p>El ex-cura se marcha. Le sigo con la mirada con la esperanza de que me alegre el día. Pero ni tropieza ni se da con un escaparate. Se aleja, despidiéndose del grupo de &#8220;mecánicos aficionados&#8221; que ahora rodea al lisiado. Probablemente tropezará al entrar en su casa pero yo no estaré allí para verlo y, si hay alguien allí, a lo mejor no le hace gracia. Todo un desperdicio.</p>
<p>Las opiniones que intercambian los indolentes que forman corrillo alrededor del ciclomotor llaman mi atención. Me aproximo pero guardo una prudente distancia, no vaya a ser que el cojo me arree un muletazo.</p>
<p>¿Hay algún espectáculo más sorprendente que este? Cinco ignorantes absolutos en mecánica del motor discuten entre sí. Dos de ellos lo hacen, además, con una pieza en la mano. Pieza que, descubro, han extraído del motor abierto para público sacrificio, ante los sorprendidos ojos del mutilado. En el suelo hay más piezas, es de suponer que de menor importancia.</p>
<p>La discusión sube de tono. Ninguno escucha a los otros. El tema cambia de la mecánica aplicada, pasando por las relaciones personales, para terminar en conceptos abstractos de dudosa urbanidad. La discusión se ha transformado en una pequeña trifulca y su centro se sitúa a varios metros del motor que la originó. El grupo se incrementa y se divide en dos bandos no muy bien definidos y en constante alternancia: los que gritan pidiendo guerra y los que vociferan en pro de la paz. Ajeno a todo ello, el lisiado intenta en vano colocar la pieza extraída del motor.</p>
<p>Esto sí me parece gracioso y me río por segunda vez del mismo hombre. Repetir un chiste es aburrido, pero que a un mismo tipo le caigan todos los chistes encima es divertido.</p>
<p>Empujo su mototricicleta, con la excusa de buscar un taller, pero con la firme convicción de que volveré a reírme. Atrás quedan el &#8220;fregao&#8221; y varias tuercas, bujías y manguitos.</p>
<p>¿Quién no mataría de un sopapo al payaso listo? ¿O a sus dos hermanos tontos si le defienden, utilizando, si es posible, su propia trompeta? En definitiva, el &#8220;clown&#8221; no nos hace gracia como a ellos, ni nos da lástima, ni siquiera miedo. La diferencia está en la mala leche. Nos caen mal los graciosillos.</p>
<p>Hay tantos talleres como bares. ¿Será porque después de pagar cada avería la sospecha de haber sido tomado por idiota te empuja a tomar una copa para reconciliarte contigo mismo?</p>
<p>Entramos en un taller. El jefe no aparece. Uno de los chavales con el mono renegrido, se excusa: Está desayunando. Carajillo de anís y, si se tercia, una partida de dados. Para hacer clientela.</p>
<p>Dejo allí al del motocarro y observo lo que hacen con él. Si le ayudase no tendría gracia. El más avispado de los chavales se adelanta. Con la lección bien aprendida de su maestro, echa una rápida ojeada al motor y dice:<br />
MECANICO: ¡Huuy! Mala cara tiene ésto, eh. Va a ser avería doble.</p>
<p>Empiezo a dar por buena mi estúpida buena acción. Aún así, y para dar más veracidad a su aseveración, el aprendiz le pide al hombre que arranque. Este intenta explicarle que no puede porque lleva la pierna en la trasera.</p>
<p>No es que arranque con la pierna de madera, es que necesita apoyarse en ella para accionar la palanca con la buena. El chaval, harto de explicaciones, da él mismo la esperada patada. Mala suerte para el hombrecillo, buena para mí. La marcha estaba puesta y, al empujar bruscamente la palanca, el ciclomotor sale disparado hacia delante y choca con tal fuerza contra una bancada, que su ocupante sale disparado, pasando por encima del manillar. Queda malcompuesto entre las piezas de un desvencijado 127. No todo el mundo sabe que este es el peor motor para caer de bruces sobre él: sus piezas no son de aleación de aluminio. Lo que sí es de dominio popular es que los lisiados tienen mal genio y lo que no habíamos logrado en la calle cinco ingenieros, un ex-cura y un servidor, lo logra ahora un aprendiz de mecánico de automóvil.</p>
<p>Porque, para aliviar la situación, le cuenta el chiste de la enfermera que tras un parto y sin mediar palabra, estampa al recién parido contra la pared. Ante la sorpresa de la horrorizada madre, le aclara:<br />
ENFERMERA: Que no. Que es broma&#8230; Que estaba muerto.</p>
<p>Yo ya me lo sabía, bien contado es hasta gracioso. El del carrito sin embargo no lo debe haber entendido. Los insultos e improperios que se abren paso a través de su ensangrentada boca son tan soeces, que el encargado tiene que interrumpir su partida de dados para venir a tranquilizarlo. El segundo aprendiz recoge la pierna del suelo. Está rota o, lo que es lo mismo en este lugar, tiene una avería. Me alejo del lugar carcajeándome a mandíbula batiente, diciéndome a mí mismo que, efectivamente, hay &#8220;avería doble&#8221;.</p>
<p>Cegado por mis propias lágrimas me estampo contra un mueble urbano -de recogida de vidrio, creo-. Me desplomo en la calzada.</p>
<p>Cuando abro los ojos, un imbécil se ríe a carcajadas de mí. ¿Es posible que haya gente así en un país moderno? Me tengo que levantar solo, víctima de una mal disimulada conmoción y posibles lesiones internas. El espectador no para de reír. Para no ser un completo maleducado le digo que no le veo la gracia, por no decirle lo que es: un redomado hijoputa.</p>
<p>&#8220;Valiente hijoputa estas hecho&#8221; es el título del estudio que en su día publicaremos, con fines meramente educativos y para evitar que algo tan nuestro se pierda en favor del humor finlandés. Dejamos al lector el análisis del texto. Le aconsejamos, eso sí, que si va leyendo mientras camina por la calle, cierre la revista y espere a mejor ocasión. No podríamos evitar reírnos si ocurriese algo irreparable.</p>
<p> &#8220;Y usted, ¿de qué se ríe?&#8221; (<em>Academia </em>n. 11, julio-1995)</p>
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		<title>su secuencia favorita: el hombre tranquilo</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Oct 2011 05:47:27 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El pueblecito irlandés de Innisfree. Sean Thornton (John Wayne) se casa con Mary Kate Danaher (Maureen O&#8217;Hara) a pesar de la oposición del hermano de ésta, que se niega a darle su dote. Sean no quiere el dinero para nada, pero para Mary Kate está en juego su orgullo de mujer, así que, la noche [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El pueblecito irlandés de Innisfree. Sean Thornton (John Wayne) se casa con Mary Kate Danaher (Maureen O&#8217;Hara) a pesar de la oposición del hermano de ésta, que se niega a darle su dote. Sean no quiere el dinero para nada, pero para Mary Kate está en juego su orgullo de mujer, así que, la noche de bodas, cierra a su marido la puerta de la alcoba nupcial. Sean tira la puerta abajo para decirle que en su amor &#8220;sólo se interpondrán los cerrojos que ella ponga en su corazón&#8221;. Luego, la besa, la arroja en la cama y abandona la habitación para acostarse en su saco de dormir. Mary Kate llora; el lecho se ha venido al suelo.</p>
<p>Por la mañana llegan los lugareños con los muebles de la recién casada. Sean, para no avergonzar a su mujer, simula haber dormido con ella. El pequeño y borrachín Michaeleen Flynn (Barry Fitzgerald) entra con una cunita y cara de guasa. Al dejarla en el dormitorio descubre la cama desvencijada.</p>
<p>-Homérico -exclama con admiración.</p>
<p>&#8220;Su secuencia favorita: El hombre tranquilo&#8221; (<em>El País de las Tentaciones</em>, 1996)</p>
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		<title>una comedia: día de fiesta</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Oct 2011 05:45:46 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[LA COMEDIA Y LA VELOCIDAD Al principio fueron los Keystone Cops, un grupo de policías que vuelan por los aires cada vez que su coche da una curva. Mack Sennett impuso, con ellos, el triunfo de la velocidad y la fuerza centrífuga como elementos básicos de la comedia. Añadiremos como guindas en una trata volante, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>LA COMEDIA Y LA VELOCIDAD</p>
<p>Al principio fueron los Keystone Cops, un grupo de policías que vuelan por los aires cada vez que su coche da una curva. Mack Sennett impuso, con ellos, el triunfo de la velocidad y la fuerza centrífuga como elementos básicos de la comedia. Añadiremos como guindas en una trata volante, la burla a la autoridad y las bellezas en traje de baño. Quien diga que hace falta más para hacer una buena comedia es un farsante.</p>
<p>Sennett reclutó a muchas de sus estrellas en el &#8220;vaudeville&#8221; y de este mundo heredó un término que definiría todo el género: el &#8220;slapstick&#8221; -una palmeta que al ser golpeada producía un ruido sordo de gran impacto-. El fundador de la Keystone siempre reconoció su deuda con el francés Max Linder y fue precisamente en Francia, finalizada la segunda Guerra Mundial, que el espíritu de Sennett se reencarnó en el físico inconfundible de un ex-jugador de rugby: Jacques Tati.</p>
<p>UN DIA DE FIESTA EN FOLLAINVILLE</p>
<p>El primer cortometraje de Tati tras la guerra fue L&#8217;ecole des facteurs. Relata las peripecias ocurridas a François -el mismo Tati- y otros alumnos de una escuela de carteros en la que aprenden a repartir el correo en bicicletas estáticas y a entregar con el oportuno gesto una factura, la notificación de una defunción o el correo comercial. Un par de años después Tati regresa al pueblecito de Sainte-Sévère para rodar el que va a ser su primer largometraje, Día de fiesta, desarrollando las ideas apuntadas en aquel corto. Muchos de los habitantes toman parte en el rodaje y Sainte-Sévère se convierte en Follainville.</p>
<p>Día de fiesta relata sencillamente eso: un día de fiesta en una pequeña localidad y como esas horas alteran momentáneamente las vidas de sus habitantes. Las de unos más que las de otros, porque en una carpa se proyecta como complemento a una película de vaqueros un documental sobre el trabajo de los carteros americanos y François decide que ya está bien de los viejos métodos y revoluciona el pueblo con su sistema de reparto.</p>
<p>Como siempre en la comedia, el sentido del ritmo es lo fundamental y Tati juega con él como un maestro. Hace del sonido su aliado para crear una película &#8220;muda&#8221; en el que ocupan el mismo rango en la banda sonora la música, los efectos y los diálogos. Ya han pasado diez minutos de película y hemos tenido tiempo de conocer a los feriantes, a los habitantes del pueblo y a la vieja que oficiará de anfitriona cuando conocemos al cartero.</p>
<p>François es acosado por una abeja a la que no vemos pero escuchamos. Los intentos del cartero por librarse de ella provocan la risa de un campesino que contempla la escena desde lo lejos. François logra deshacerse del molesto insecto que ahora persigue al que era divertido espectador. Curiosa manera de analizar la posición del público de comedias que se dispone a reír en su butaca sin saber que la risa nunca es inocente.</p>
<p>François desemboca en la plaza del pueblo, donde un grupo de vecinos intenta erigir un mástil. El poste se inclina peligrosamente y el cartero no tiene más remedio que desviar su bicicleta al interior de la taberna para asomar a los pocos segundos en el balcón del primer piso, mientras el tabernero arroja la bicicleta a la calle indignado. No es una presentación del caos tan definitiva como la entrada en el pequeño hotel de la playa de Las vacaciones de Monsieur Hulot, pero casi.</p>
<p>A LA AMERICANA</p>
<p>En el mundo de Tati no caben las revoluciones. Acusado tantas veces de conservador y defensor de la más rancia tradición, el cineasta encarnará por única vez a un hombre atacado por la fiebre de la velocidad pero ajeno al mundo que le rodea. No es extraño que entre en una casa a toda velocidad para entregar una carta y bromee con su propietario por su esmero en arreglarse, sin advertir que está velando a un difunto. El mismo personaje que perderá el bigote y crecerá hasta metamorfosearse en Monsieur Hulot.</p>
<p>François contempla un documental sobre el sistema de correos americano: las proezas, la lucha contra los elementos, las acrobacias&#8230; Y todo con tal de que el correo llegue lo más pronto posible.</p>
<p>El tramo final de la película desarrolla el reparto &#8220;a la americana&#8221;. Bajo la mirada burlona de sus convecinos, François sucumbe al torbellino de la velocidad en una serie de gags encadenados que se inician con su irrupción en el plácido despacho de correos en el que el matasellos de cada carta comporta una cadena de estudiados y lentos movimientos. El cartero revoluciona la oficina. Al salir, engancha el manillar de su bicicleta a un camión y aprovecha la trasera para realizar las mismas actividades que sus compañeros a toda velocidad. Sus prisas le llevan a dejarle al panadero su carta en las manos llenas de masa, al herrero, bajo el rabo del caballo que está herrando, al pocero, en el cubo y al agricultor, en la cosechadora.</p>
<p>En uno de los chistes mejor medidos de la película, François entra en la iglesia. Hemos visto desaparecer por arriba al sacristán agarrado a la cuerda que hace funcionar la campana. Cuando baja, el cartero le entrega la carta y el sacristán le da, a cambio, la cuerda. Mientras el sacristán lee, François vuela. Entra una beata. François desciende, acuciado por la prisa y le entrega la cuerda a la mujer, que sale por los aires.</p>
<p>Keaton y su locomotora. Harold Lloyd y su coche. Chaplin y sus patines&#8230; François es indisociable de su bicicleta. Aprende en el tiovivo la técnica de montar en marcha y la emplea con absoluta eficacia, pero la bicicleta cobra vida, hasta el punto de que en la parte final hará su recorrido por su cuenta animada de vida propia.</p>
<p>Cuando logra recuperarla se ve mezclado con un pelotón de ciclistas que han de ponerse al &#8220;sprint&#8221; si quieren alcanzarle. Un paso a nivel detiene a François y, tras perseguir a una moto, acaba en el río. Este es el final de su carrera &#8220;a la americana&#8221;.</p>
<p>Día de fiesta basa su humor en la observación de la vida cotidiana, en unos cuantos gags bien medidos y en la construcción de un protagonista cómico y creíble a la vez. El heredero europeo de Sennett ha sucumbido a la fuerza centrífuga y termina entregado a las tareas agrícolas mientras un niño se va a hacer el reparto.</p>
<p>Con los años, François se afeitará el bigote, se mudará a la ciudad, cambiará de indumentaria e, incluso, de nombre. Con Monsieur Hulot nos iremos de vacaciones, visitaremos el hogar moderno, nos perderemos en la gran ciudad o haremos un viaje por autopista, pero, de vez en cuando, nos gusta regresar a Follainville y comprobar cómo se hacen las cosas &#8220;a la americana&#8221;.</p>
<p>¿UN DIA DE FIESTA EN PEÑISCOLA?</p>
<p>Día de fiesta fue rodada en blanco y negro y en color por partida doble. Se ve que el sistema de color de la casa Thompson no ofrecía demasiadas garantías. Durante años hemos podido ver la versión reelaborada por su director en 1964, que tenía el encanto de las banderitas y los farolillos coloreados a mano. En el Festival de Rotterdam de este año se ha proyectado la copia restaurada a partir del negativo color y estaremos encantados de verla en Peñíscola el año que viene.</p>
<p>&#8220;Una comedia: Día de fiesta&#8221; (Catálogo del Festival de Peñíscola, 1995) </p>
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		<title>¿qué hay de nuevo, viejo?</title>
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		<pubDate>Sun, 30 Oct 2011 05:43:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[la cuadrilla]]></category>
		<category><![CDATA[prensa]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Qué hay de nuevo, viejo? Una pregunta a la que Elmer Gruñón solía contestar con sendos disparos de escopeta de cañón doble. Claro que Elmer jamás consiguió saber si era temporada de conejos o temporada de patos. Lo nuevo se define por contraposición a lo viejo. Lo viejo es el funcionariado -al que la mayoría [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué hay de nuevo, viejo? Una pregunta a la que Elmer Gruñón solía contestar con sendos disparos de escopeta de cañón doble. Claro que Elmer jamás consiguió saber si era temporada de conejos o temporada de patos.</p>
<p>Lo nuevo se define por contraposición a lo viejo. Lo viejo es el funcionariado -al que la mayoría accede por méritos propios-; los presupuestos hinchados; la pereza a la hora de buscar rostros; la escasez de alternativas a la anemia industrial y la falta de respeto por el espectador.</p>
<p>Nuevo, lo que se dice nuevo, no hay nada. Lo nuevo -por novedoso- es la independencia.</p>
<p>En un rapto metafísico poco habitual, La Cuadrilla propone al lector su concepto espiral del tiempo en el que se dan la mano lo nuevo y lo novísimo del cine español:</p>
<p>Pepe Isbert, Manolo Morán, el Edgar Neville de <em>La torre de los siete jorobados</em>, José Luis Ozores, el Zulueta de <em>Amalgama</em>, el Antonio Vico de <em>Mi tío Jacinto</em>, <em>Ella, él y sus millones</em>, Luis Ciges, el Bigas Luna de <em>Bilbao</em>, las colaboraciones de Miguel Mihura con Eduardo Maroto, Segundo de Chomón, Fernando Fernán Gómez, el Buñuel de &#8220;Ensayo de un crimen&#8221; -no es culpa nuestra que sus mejores películas sean mexicanas-, Julia Caba Alba, el Berlanga de <em>El verdug</em>o, el Alex de la Iglesia de <em>Marbella Antivicio</em>, Sáenz de Heredia en el episodio del esquimal de <em>Historias de la radio</em> o <em>El destino se disculpa</em>, Antonio Casal, el Cassen de <em>Plácido</em>, <em>Qué he hecho yo para merecer ésto</em>, el Azcona de <em>El cochecito</em>, el Forqué de <em>Atraco a las tres</em>, el Pedro Beltrán de <em>El extraño viaje</em> o el fulgurante &#8220;garrulo lisérgico&#8221; Antonio Blanco.</p>
<p>Eso fue to&#8230; Eso fue to&#8230; Eso fue todo, amigos.</p>
<p> ¿QUÉ HAY DE NUEVO, VIEJO? (<em>Academia </em>n. 9, enero-1995)</p>
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		<title>los súper-8 y la crítica</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Sep 2011 07:15:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[críticas]]></category>
		<category><![CDATA[súper-8]]></category>

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		<description><![CDATA[Ignacio Gutiérrez Solana: &#8220;Súper-8: Escuadrilla Lafayette&#8221;, en Casablanca, n. 29, mayo de 1983. Hace dos años, un pequeño film sorprendía a los asistentes del Concurso Súper-8 de la Universidad Complutense. Durante tres minutos (un cartucho de película) un nutrido grupo de variopintos personajes cometía ante la cámara todo tipo de insensateces, con la sola interrupción [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.lacuadrilla.com/?attachment_id=584"><img src="http://www.lacuadrilla.com/wp-content/uploads/S8_0402-300x240.jpg" alt="casablanca" title="S8_0402" width="300" height="240" class="aligncenter size-medium wp-image-584" /></a></p>
<p>Ignacio Gutiérrez Solana: &#8220;Súper-8: Escuadrilla Lafayette&#8221;, en <strong><em>Casablanca</em></strong>, n. 29, mayo de 1983.</p>
<p>Hace dos años, un pequeño film sorprendía a los asistentes del Concurso Súper-8 de la Universidad Complutense. Durante tres minutos (un cartucho de película) un nutrido grupo de variopintos personajes cometía ante la cámara todo tipo de insensateces, con la sola interrupción de un plano en el que uno de ellos, mirando displicentemente, sentenciaba: &#8220;Despojos&#8221;. Título del engendro y presentación de sus autores al mismo tiempo.</p>
<p>Ante el rasgar de vestiduras de algún que otro estudioso de la comunicación, el jurado supo apreciar tamaña desfachatez insustancial frente a tanta insustancialidad pretenciosa que suele concurrir a esos eventos, y sus autores se llevaron una mención especial. Un año después, este grupo, adaptando entonces el nombre de Stress en la Fábrica, copó casi todos los premios del mismo concurso. Santiago Aguilar, Raúl Barbé y Luis G. Guridi son los máximos responsables de este colectivo, al que quizá lo que más defina sea su pasión por rodar. Tanto a la vista de su ya extensa producción como hablando con ellos, se llega a la conclusión de que si no lo hacen constantemente es por pura imposibilidad material. Me refiero a falta de dinero, no a la fatiga física o psíquica, a la que parecen impermeables. Cualquier tema, cualquier sugerencia o lectura, una imagen vista por la calle o en el cine o en la televisión, les da pie para idear una película. Seguramente este frenesí por registrar todo lo visto, oído, leído, imaginado, amado, pensado, vivido, en suma, pasándolo por el tamiz de la ironía o del disparate, sea lo que da un vigor irresistible a sus películas que, por otra parte (o consecuentemente), están hechas con unos medios mínimos.</p>
<p>Como puede suponerse, los temas o géneros que abordan son muy variados. <em>Detestives </em>es un divertimento musical-policiaco en la línea pop de los 60. <em>La pastorcita y las flores</em> es un cuento bucólico con final infeliz, muy bien llevado y sutilmente jocoso. <em>Hacia la oscuridad</em> es una pesadilla obsesiva con una serie de imágenes repitiéndose a ritmo cada vez más acelerado. Además de ser un film enormemente sugerente, contiene una gran aportación al género terrorífico: un plano en el que una vampira se vuelve sobre la cámara y se desternilla de risa, con la sangre saliendo a borbotones de su boca.</p>
<p><em>Aterrizaje en el cielo</em> es una de sus mejores y más construidas películas, donde evidencian un formidable sentido del montaje, mezclando imágenes de un film bélico, una demostración aérea y planos de los dos protagonistas en su avión (sugerido por un panel tras el que éstos están sentados y dos hierros cruzados simulando el armazón del ala). Por otra parte es la enésima versión (aunque mucho mejor por lo menos que la de Warren Beatty) de las películas sobre muertos rechazados en su destino ultraterreno, aunque a éstos no los quieran ni en el cielo, ni en el purgatorio, ni en el infierno, por lo cual acaban tomándose a risa su caída en picado. <em>Fergus O&#8217;Brien</em> es como un apunte de película sobre una memoria dolorida y nostálgica, demostrativo de que también saben hacer una narración pausada y evocadora. Cualidad que también tiene <em>Los pequeños placeres</em>, una humorada macabra.</p>
<p>Pero su creación más genuina es una serie titulada <em>John Edward Ringling estuvo allí</em>, parodia corrosiva del imperante periodismo en directo. Este personaje es un reportero intrépido siempre-en-el-centro-de-la-noticia, que lo mismo narra un intento fallido de atentado al Papa durante su visita a Madrid, que sigue a un sonriente muchacho dispuesto a poner una bomba en el scalextric de Atocha mientras explica gustosamente a las cámaras cómo lo hace, que asiste a la huelga de hambre y muerte de Bobby Sands, introduciéndose en una hipotética cárcel (sólo vemos un muro en el que se recuesta el moribundo, con diversos personajes entrando y saliendo de campo, película inmisericorde que congela la sonrisa a más de un progre), o que es capaz de llegar a provocar, a través de un programa de radio, el atropello de un marido celoso a su mujer y luego reconstruirlo cínicamente con la policía, llevándose igualmente por delante a un agente.</p>
<p>Mientras no encuentren quién les produzca habrá que seguir atentamente a este grupo por los concursos o a través de las ocasionales proyecciones que hacen en pubs o discotecas. Además de los nombres citados al comienzo han tenido también otros como La Agonía de Suslov o Instituto del frío. De momento, no sé hasta cuándo, se hacen llamar Escuadrilla Lafayette.</p>
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